Busquemos vida en Marte antes de que sea demasiado tarde

 

El Tratado del Espacio Exterior de la ONU y otros tratados internacionales estipulan que los cuerpos del Sistema Solar deben ser protegidos para evitar que sean contaminados por los microorganismos transportados en las naves espaciales. Es lo que se conoce como “Protección Planetaria”, y su objetivo es evitar tanto la interferencia de la biosfera terrestre con otras posibles biosferas, como la posibilidad de que en el futuro “encontremos” vida en otros planetas que, en realidad, haya viajado a bordo de las naves enviadas desde la Tierra.

 

Los protocolos de protección planetaria, bastante razonables a priori, han encontrado su definición más extrema en el caso de Marte. Las agencias espaciales NASA y ESA y otras instituciones han etiquetado ciertas zonas del planeta rojo con la denominación de “Regiones Especiales”, definidas como lugares donde microorganismos terrestres podrían replicarse, o lugares que podrían incluso estar habitados actualmente por vida marciana. Entre ellas se encuentran el hielo subsuperficial o las salmueras locales que parecen generar huellas de escorrentía sobre algunas laderas marcianas.

 

Para permitir que las misiones procedentes de la Tierra se acerquen siquiera a estas zonas, los protocolos de Protección Planetaria exigen que los robots cumplan unos requisitos de limpieza tan estrictos que en realidad están impidiendo cualquier estrategia para buscar vida en Marte. Por ejemplo, por este motivo el rover de la NASA Curiosity, en Marte desde 2012, no puede acercarse a algunas huellas de escorrentía cercanas. Y lo mismo sucederá con los dos rovers que llegarán próximamente a Marte: Mars2020 (NASA) y ExoMars (ESA). El Mars2020 tiene entre sus objetivos recoger muestras de la superficie de Marte, pero la Oficina de Protección Planetaria de NASA aún no ha dado el visto bueno a los protocolos de limpieza del sistema de muestreo a bordo del rover. Más dramático es el caso de ExoMars, uno de cuyos objetivos iniciales era buscar vida actual en Marte. Sin embargo, las restricciones impuestas por las oficinas de protección planetaria lo han eliminado.

El mayor problema que plantea esta situación es que se agota el tiempo para buscar vida en Marte. Después de muchos años de tímidas insinuaciones, la NASA está planeando seriamente por primera vez enviar misiones tripuladas a Marte en la década de 2030; de hecho, el presupuesto de NASA para 2017, aprobado por el Congreso de EE.UU., ya recoge partidas presupuestarias en este sentido. Además, a la vista del rápido avance en tecnología aeroespacial de naciones como China o de empresas privadas como SpaceX, no es desatinado imaginar que alguno de ellos pueda llegar a completar misiones tripuladas a Marte antes incluso que la NASA.

 

Las políticas de Protección Planetaria, tal y como las concebimos hoy, dejarán de tener validez en el momento en que el ser humano ponga un pie en Marte, pues la contaminación microbiana humana será inevitable. El número, pero sobre todo la diversidad, de microorganismos asociados a una misión tripulada son muy superiores a las de una misión robótica. Toda la envoltura de los astronautas, desde el traje hasta la nave espacial, está diseñada para mantener a estos con vida y, por lo tanto, para proteger también todo el microuniverso que viaja con ellos. Cualquier contaminación procedente de un traje espacial, un depósito de residuos, un módulo, etc., tendría consecuencias inmediatas sobre el entorno marciano. En realidad, todavía se desconocen los potenciales riesgos de contaminación para el planeta que acarrearía una misión tripulada a Marte. Por lo tanto, la actual estrategia de exploración marciana, consistente básicamente en retrasar cualquier esfuerzo para buscar vida en el planeta al tiempo que nos preparamos para enviar astronautas, es una estrategia desafortunada que complicará extraordinariamente la búsqueda de vida marciana en el futuro.

 

Es preciso, por tanto, explorar Marte en profundidad desde un punto de vista astrobiológico, y es esencial hacerlo ya. Para ello es necesario, en primer lugar, perfeccionar las técnicas robóticas de detección e identificación bioquímica de evidencias de vida y, en segundo lugar, relajar los protocolos de Protección Planetaria y permitir que los rovers, actuales y futuros, investiguen a fondo las Regiones Especiales. Las políticas de Protección Planetaria deberían impulsar la exploración de Marte, no limitarla o incluso prohibirla. La alternativa de esperar hasta que veamos huellas de astronautas en suelo marciano eliminará cualquier opción de identificar vida genuina en Marte en el futuro.

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