Una llamarada solar captada desde España en 1886

 

Los satélites han detectado este mes potentes llamaradas del Sol, pero este fenómeno se registra desde hace más de un siglo. El 10 de septiembre de 1886 un joven astrónomo aficionado, con tan solo 17 años, observó desde Madrid con su modesto telescopio uno de estos súbitos destellos en una mancha solar. Escribió lo que veía, lo dibujó y envió los datos a una revista científica francesa, donde fueron publicados según cuentan ahora científicos del Instituto de Astrofísica de Canarias y la Universidad de Extremadura.

 

“En la región oriental del hemisferio austral del Sol se ha formado súbitamente de ayer a hoy una enorme mancha muy bella, y sobre ella he notado un fenómeno extraordinario: en la penumbra, al oeste del núcleo se distinguía un objeto casi circular muy brillante, del que salía un largo rayo luminoso”.

 

Con estas palabras describía Juan Valderrama y Aguilar, un astrónomo aficionado de 17 años, lo que estaba viendo desde Madrid el 10 de septiembre de 1886 con su pequeño telescopio, de tan solo 6,6 cm de apertura y equipado con un filtro neutro para atenuar la luz. El joven apuntó los detalles de sus observaciones, dibujó el destello brillante que había visto salir de la mancha y mandó toda la información a la revista francesa L’Astronomie, que no dudó en publicarlo.

 

“El caso de Valderrama es muy singular, ya que fue la única persona en el mundo que observó hace más de un siglo un fenómeno relativamente raro: una llamarada solar de luz blanca, y hasta ahora nadie se había dado cuenta”, explica a Sinc José Manuel Vaquero, profesor de la Universidad de Extremadura y coautor de un artículo sobre aquel acontecimiento que se publica ahora en la revista Solar Physics.

Una llamarada solar (solar flare, en inglés) es un repentino aumento del brillo en una región de la atmósfera del Sol. Se produce en sus capas más externas (cromosfera y corona) cuando cambia la configuración del campo magnético y se libera energía, lo que se puede detectar en diversas bandas del espectro electromagnético, como luz visible o ultravioleta, aunque lo más habitual es en rayos X.

 

Este mismo mes se han observado varias de estas potentes llamaradas solares, algunas con eyecciones de masa coronal asociadas, que, a su vez, han producido tormentas geomagnéticas y han afectado ligeramente a los sistemas de comunicación en la Tierra, especialmente a las emisiones de radio y los sistemas GPS.

 

“Respecto a las llamaradas o fulguraciones de luz blanca (white-light flares) corresponden a los casos más extremos del fenómeno, donde la energía es tanta que se propaga desde arriba hasta la fotosfera, la calienta, y se produce un exceso de brillo que observamos en forma de luz blanca, de ahí su nombre”, explica otro de los autores, Jorge Sánchez Almeida, del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC).

 

Normalmente los científicos que estudian las llamaradas solares no usan satélites o instrumentos que operan con luz visible, pero un white-light flare se puede observar con un telescopio ‘normal’ que usa ese tipo de luz tan cotidiana, como hizo Valderrama en 1886. “Es algo extraordinario que en la España de finales del siglo XIX aquel joven, con tan solo 17 años, hiciera el descubrimiento y lo enviara a publicar a una revista científica”, destaca Sánchez Almeida.

 

“Además, el flare en luz blanca observado por Valderrama es, cronológicamente, el tercero de los registrados en la historia de la física solar”, añade Manuel Vaquero. La primera llamarada solar la registró el astrónomo británico Richard C. Carrington el 1 de septiembre de 1859 y la segunda fue descrita el 13 de noviembre de 1872 por el italiano Pietro Angelo Secchi.  Las dos fulguraciones fueron bien conocidas en su tiempo, ya que en base a ellas se abrió un debate sobre si estas llamaradas podían o no influir en la Tierra.

 

La vida de Valderrama es mucho menos conocida que la de esos dos pioneros en los estudios solares, pero Manuel Vázquez –también coautor del trabajo e investigador del IAC–, junto a Sánchez Almeida pronto publicarán la biografía de este personaje, que nació en Santa Cruz de Tenerife, vivió su adolescencia en Madrid y regresó a su ciudad natal, donde fue director del observatorio meteorológico municipal hasta su muerte.

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